Automatización para la seguridad, la eficiencia y la precisión
Por Stephen Hood | 10 de octubre de 2025
10 de octubre de 2025
El origen de la automatización
Desde pianos mecánicos y máquinas de discos hasta pilotos automáticos de aviones y robots de montaje de precisión, la automatización es una característica definitoria de la vida moderna. Su aplicación generalizada comienza con la revolución industrial en los siglos XVIII y XIX, pero el concepto se remonta en realidad a siglos atrás, cuando las antiguas civilizaciones de Asia y el Mediterráneo desarrollaron relojes de agua, ruedas hidráulicas y molinos de piedra accionados por animales. Y aunque la palabra «robot» fue introducida por el escritor checo Karel Čapek en 1920, se encuentran referencias a autómatas en textos antiguos griegos y chinos.[1]

A lo largo de los siglos XIX y XX, la automatización de la fabricación hizo posible la producción en masa de productos de bajo coste, entre los que destacan los textiles y el envasado y embotellado de alimentos y bebidas. Al mismo tiempo, la automatización pasó de la industria al consumidor, proporcionándonos comodidades modernas como la lavadora, la puerta de garaje automática y el aire acondicionado con termostato.
Tras la invención del ordenador electrónico programable durante la Segunda Guerra Mundial, la tecnología digital se aplicó cada vez más a los sistemas automatizados. Ahora, en esta tercera década del siglo XXI, la automatización se ha visto reforzada con la inteligencia artificial y la retroalimentación digital que permite el aprendizaje automático. La aplicación de estos sistemas incluye la cartografía para la agricultura de precisión, la modelización de yacimientos de petróleo y gas, e incluso el diagnóstico médico.
El sentido de la automatización
El término «auto» significa «autónomo» en griego, por lo que un automóvil es un vehículo que se mueve por sí mismo. Sin embargo, sigue necesitando un conductor, por lo que utilizamos el término «coche autónomo» para referirnos a los vehículos más nuevos y automatizados, ya que decir «automóvil autónomo» sería una redundancia incómoda. La palabra «robot» proviene del checo antiguo «robota», que significa servidumbre o esclavitud.
Los objetivos básicos de la automatización práctica siempre han sido liberar a los seres humanos del trabajo laborioso o repetitivo y garantizar la precisión en una tarea determinada. Moler grandes cantidades de trigo con un molino impulsado por el viento o el agua es más fácil que hacerlo a mano (lo cual sería agotador), y un reloj es infinitamente más preciso que un ser humano que intenta contar los minutos durante todo el día (también agotador y muy propenso a cometer errores).
La automatización inteligente actual va más allá de estos objetivos básicos, ya que no solo proporciona eficiencia y precisión, sino también una mayor seguridad y la capacidad de realizar tareas que antes eran impracticables o imposibles. Por ejemplo, la impresión 3D permite fabricar implantes médicos y prótesis personalizados con estructuras internas muy complejas que se adaptan perfectamente a la anatomía del paciente.
La aplicación de la automatización
En los últimos años, la automatización se ha aplicado a la exploración y producción de hidrocarburos. Entre las aplicaciones se encuentran la perforación, los trabajos submarinos, la inspección de tuberías y la gestión del aguay limpieza de tapones de fracturación, todas ellas más seguras y eficientes.
Otra es la gestión de la arena. TETRA ha estado a la vanguardia de la innovación tecnológica para capturar, pesar y eliminar automáticamente la arena del flujo. Como sabemos, la arena se utiliza como agente de sostén para mantener abiertas las fracturas de la formación, lo que permite que los valiosos hidrocarburos fluyan desde la roca y salgan del pozo. La arena también está presente en la propia formación geológica.
Sin embargo, la arena presente en el flujo de producción puede obstruir y erosionar las líneas de flujo y los equipos de producción, e incluso dañar el pozo y el revestimiento. Cada año, los daños causados por la arena le cuestan a la industria millones de dólares en reparaciones y pérdidas. Por lo tanto, eliminar la arena es una prioridad.
La esencia de la automatización
TETRA ofrece dos configuraciones principales para la gestión automatizada de arena: nuestra unidad de fuente única para un pozo y nuestra unidad de fuentes múltiples que puede manejar hasta seis pozos al mismo tiempo. Esta última ofrece una ventaja económica significativa a los clientes, ya que permite poner en funcionamiento varios pozos en una sola plataforma.
Ambas configuraciones utilizan nuestra tecnología super eficiente TETRA SandStorm, que captura hasta el 100 % de la arena. Además, ambas pueden combinarse con nuestra cesta de pesaje giratoria automatizada, un sistema de pesaje autónomo que elimina la necesidad de que el personal pese la arena manualmente.

La seguridad de la automatización
El lavado manual de arena requiere que alguien entre en un entorno peligroso y abra y cierre válvulas cada cinco minutos, durante lo cual el trabajador permanece de pie entre tuberías de alta presión expuestas a la erosión y a posibles roturas. Detrás de cada válvula hay una presión alta que oscila entre 2000 y 6000 libras por pulgada cuadrada.
Para medir manualmente el volumen de arena extraído del flujo, un trabajador debe subirse a un tanque, retirar el filtro de manguera cargado de arena y pesarlo. Trabajar en altura sobre un tanque abierto que contiene agua producida e hidrocarburos residuales es peligroso.
Guiados por nuestro sistema de control automatizado TETRA BlueLinx, nuestras tecnologías de gestión de arena TETRA automatizan estas tareas, reduciendo así la exposición a situaciones de alto riesgo y mejorando considerablemente la seguridad de los trabajadores. La mejora de la seguridad fue un factor clave en el desarrollo de estas tecnologías.
Las métricas de la automatización
Una ventaja adicional de la automatización, más allá de la seguridad y la eficiencia, es la obtención de métricas precisas. Cuantificar los procesos es esencial para evaluar su eficacia: debemos registrar las mediciones y, en ocasiones, realizar cálculos para saber si realmente estamos logrando lo que queremos. Hacerlo manualmente requiere que un trabajador recorra la obra y tome lecturas de los medidores de los equipos.
En el caso de la gestión de la arena, cuantificar la arena capturada es fundamental para comprender el estado del yacimiento y el contenido del flujo: ¿están aumentando o disminuyendo los volúmenes de arena? ¿Cuál es la proporción de arena del yacimiento en comparación con la arena de apuntalamiento bombeada por el pozo para fracturar la formación? ¿Podemos reducir las necesidades de equipamiento para disminuir los costes o debemos aumentarlas para evitar daños por erosión en los equipos de producción? Conocer estos parámetros ayuda a gestionar mejor la producción.
La automatización computarizada permite capturar y reportar métricas precisas sin exponer a los trabajadores a los peligros de altas presiones, vapores y posibles lesiones en las manos. También es mucho menos propensa a errores. Los seres humanos somos criaturas falibles; cometemos errores, especialmente cuando trabajamos durante mucho tiempo en entornos de alto estrés.[2] Eliminar el error humano de la ecuación eleva significativamente los grados de precisión, lo que a su vez facilita el perfeccionamiento de las operaciones para obtener la máxima eficiencia.
La paradoja de la automatización
Una de las preocupaciones que suscita la automatización es el desplazamiento económico de los trabajadores. Este era el temor de los luditas ingleses a principios del siglo XIX, que se oponían a la producción textil automatizada y recorrían el país destruyendo máquinas de tejer. Huelga decir que su destructiva oleada de violencia no sirvió para cambiar el rumbo de los acontecimientos. A partir de entonces, la palabra «ludita» pasó a ser un término despectivo para referirse a alguien que se opone a la tecnología.
En realidad, la mayoría de los sistemas automatizados siguen necesitando operadores humanos. Esta es la paradoja de la automatización: «la ironía de que cuanto más avanzado es un sistema de control, más crucial puede ser la contribución del operador humano».[3] Una red eléctrica altamente automatizada sigue requiriendo una supervisión humana continua, y la impresora 3D que fabrica un implante craneal requiere la introducción de las especificaciones del paciente, por no hablar de encenderla y apagarla y llenarla con la materia prima que compondrá el dispositivo fabricado.
Del mismo modo, la automatización puede facilitar el crecimiento del empleo. La llegada de los cajeros automáticos en la década de 1980, por ejemplo, llevó a los bancos a abrir más sucursales y contratar a más cajeros, mientras que la función del cajero humano pasó de ser la de un empleado similar a un cajero a la de un vendedor, «forjando relaciones con los clientes, resolviendo problemas y presentándoles nuevos productos como tarjetas de crédito, préstamos e inversiones».[4]
La automatización en los yacimientos petrolíferos no está destruyendo puestos de trabajo, sino que está haciendo que el trabajo sea más seguro, más preciso y más eficiente. Más allá de estas ventajas, se ha convertido en una necesidad práctica, ya que ayuda a hacer frente a los retos que plantea la escasez de mano de obra, cada vez más grave. En este sentido, la automatización puede ayudar a proteger al sector del petróleo y el gas de las peores perturbaciones del mercado que parecen producirse cada pocos años, algo por lo que todos podemos estar agradecidos.
Notas finales
[1] Nadia Ambrosetti, 2010, Raíces culturales de la tecnología: un estudio interdisciplinario de los sistemas automatizados desde la Antigüedad hasta el Renacimiento, tesis doctoral, Universidad de Milán; Karel Čapek, 1920, R.U.R. (Los robots universales de Rossum), Proyecto Gutenberg (en línea).
[2] N.H. Mackworth, 1948, «The Breakdown of Vigilance During Prolonged Visual Search» (El colapso de la vigilancia durante la búsqueda visual prolongada), Quarterly Journal of Experimental Psychology, vol. 1, n.º 1, pp. 6-21. Incluso después de 77 años, el estudio de Mackworth sigue siendo definitivo, ya que sentó las bases para comprender los límites de la atención (o vigilancia) humana a lo largo del tiempo.
[3] Lisanne Bainbridge, 1983, «Ironies of Automation» (Las ironías de la automatización), Automata, vol. 19, n.º 6, pp. 775-779.
[4] Jonathan Church, 2025, «La inteligencia artificial no puede sustituir el alma de la escritura», Voegelin View, 8 de julio (en línea).